sábado, 27 de junio de 2009

Habitación Intermedia


(...) Cuando estaba solo, José Arcadio Buendía se consolaba con el sueño de los cuartos infinitos. Soñaba que se levantaba de la cama, abría la puerta y pasaba a otro cuarto igual, con la misma cama de cabecera de hierro forjado, el mismo sillón de mimbre y el mismo cuadrito de la Virgen de los Remedios en la pared del fondo. De ese cuarto pasaba a otro exactamente igual, cuya puerta abría para pasar a otro exactamente igual, y luego a otro exactamente igual, hasta el infinito. Le gustaba irse de cuarto en cuarto, como en una galería de espejos paralelos, hasta que Prudencio Aguilar le tocaba el hombro. Entonces regresaba de cuarto en cuarto, despertando hacia atrás, recorriendo el camino inverso, y encontraba a Prudencio Aguilar en el cuarto de la realidad. Pero una noche, dos semanas después de que lo llevaron a la cama, Prudencio Aguilar le tocó el hombro en un cuarto intermedio, y él se quedó allí para siempre, creyendo que era el cuarto real.
García Márquez
Me perdí, yo también me perdí, el problema es que no me había dado cuenta. Llevo varios meses viviendo en una habitación intermedia creyendo que es la real. Ahora muero de vergüenza. Las cosas que se han quedado en el camino me preocupan, las he dejado ir. Pero nada me angustia tanto como la idea de no volverme a ver, de jamás poder estar conmigo ya. No cabe duda: demonio que no se enfrenta, demonio que resurge cada vez más alimentado.

Me empezaré a buscar, sé que debe haber alguna pista de mí, sé que dejé rastros. Espero que entonces no sea demasiado tarde.

1 comentario:

Julia dijo...

Si puedes escribir así, no es demasiado tarde.