jueves, 5 de septiembre de 2013

Miedo

Ayer sentí miedo. A veces hago cosas muy intrépidas, me atrevo a escudriñar en historias que a casi nadie le gusta saber. Sin embargo hay un tema en mi vida que aun no logro dominar: la maternidad. Sé que debiera agradecer que mi hijo es un niño hermoso y sano, más ha empezado a manifestar ciertas necesidades que me cuesta muchísimo trabajo satisfacer, entonces me pongo ansiosa, me niego aceptarlo, me paralizo. Ayer el problema brotó, como buen conflicto no resuelto, y lloré, me rendí. Quisiera contar con una chamana, una buena guía que me acompañe y me enseñe cómo ser mamá, porque de verdad, hay días que pienso que lo hago muy mal y no es más que un puto miedo terrible. 

Hoy, reconozco que lo que sigue es calmarse, tomar decisiones y seguir caminando aunque me tiemblen las piernas.

lunes, 12 de agosto de 2013

Feminicidio






Por azares del destino ahora investigo muertes de mujeres. Mi acercamiento a este tipo de fenómenos ha sido paulatino y temeroso: he llegado a pensar que con cada una de las féminas muertas que he analizado, ha ido muriendo una pequeña parte de mí. He transitado por el coraje, la desesperación y la tremenda empatía ante la vulnerabilidad de una víctima. “Es un  proceso normal”, me dicen los veteranos, después dejarás de sentir todo eso. Y yo no sé si lo quiero dejar de sentir, pienso que es lo que me mantiene en la frontera, en mi eje, en mi yo.

En menos de un año, he visto suficientes mujeres muertas, de todas las edades, bajo muchísimos tipos de circunstancias y sus cuerpos, por lo regular, reflejan una historia que nunca terminaron de escribir porque alguien les arrebató ese acto volitivo, salvo aquéllas que optaron por el suicidio.

Y yo, he llegado a una conclusión: no hay peor acto de violencia, que  el de aceptar morir en vida, al renunciar al placer, a los sueños y a una vida libre de violencia.



jueves, 17 de mayo de 2012

Nubes de algodón, nubes de sertralina.



Desde hace dos semanas comencé un nuevo proyecto de rehabilitación. Sí, era necesario, pues las herramientas de guerra usadas una y mil veces en el pasado, dejaron de ser suficientes. Ahora me agradezco la benevolente idea de haberme dejado caer en el colchón de mi nueva cómplice, una brillante psiquiatra que me ha revelado los secretos más insondables de mi enfermedad: "el mal de amores". Un mal que ya empieza a ser un problema de salud pública y por el que uno es capáz de traspasar todas las fronteras de la cordura y la dignidad. Estoy infectada, lo sé, más no es tarde.

Antes de esto recaí simbólica y patéticamente, como nadie se hubiera podido imaginar, por eso sé que no puedo sola. No ahora.

Y aquí estoy, más tranquila, renunciando a cualquier tipo de estoicismo habiendo tantas alternativas para no sufrir. En fin, ahora sí, esto apenitas empieza.

Foto: "sobre nubes de algodón, despertaré mañana... por lo pronto, te puedes ir sin perturbar mi sueño"

lunes, 30 de abril de 2012

Inyección ardorosa de vida...




Hoy me batearon como en la secu, como una vil puberta. Me eché un volado y lo perdí. Dolió un poquito, como una inyección ardorosa, que sin embargo pasa poco a poco del entumecimiento al olvido muscular total.

En fin, con esto me doy la bienvenida a la vida otra vez.

viernes, 27 de abril de 2012

Mi cómplice.


Encontré unas fotos de Thomás (el gato). Desde ese día he estado muy triste. Nadie como él conoce la historia. Fue mi testigo frágil, mi cómplice mudo.

Thomás se fue, huyó antes que yo como doloroso presagio. Recordé aquellas noches en las que encerrados en la habitación intentábamos dormir, tensos, desvelados por el asecho amenazante tras la puerta.

Jamás quiero volver a vivir algo así. Nadie lo merece, no hay ganancia que lo sustente, ni amor real que lo amerite. Jamás.

lunes, 16 de abril de 2012

Mandarina enjaulada.

Últimamente es prácticamente imposible tener tiempo para mí. Hay días en los que hasta para ir al baño tengo que ingeniar una estrategia para que mi bebé no se ponga en riesgo mientras yo estoy satisfaciendo necesidades biológicas. Casi no tengo chance para leer y cuando Marcos se duerme, yo termino tan cansada, que apenas con las tres primeras líneas de un párrafo, quedo completamente dormida. Llegan los fines de semana y la neta me da igual, para mí es la misma chinga agotadora. Si tuviera mucho dinero, juro que pagaría por una buena niñera que me hiciera el paro por lo menos una vez a la quincena para poder salir, ir al cine, enfiestarme o simplemente tomarme un café gozando de una buena lectura o charla. Pero no lo tengo y no es tan fácil como pudiera parecer. A veces, me siento como animal enjaulado. Así es que ni pensar en un novio ¿a qué horas?, no podría y eso me pone triste, me frustra, todo en general, no solo lo del novio.



Hace algunos días me enviaron a un municipio de estas tierras jaliscienses, cuyo territorio cuenta con una bonita playa, y yo, que aprovecho para alargar un poquito la misión laboral y quedarme un día más, la verdad fue maravilloso. Sin embargo no pude evitar cargar con la culpa de la mentirilla que dije a mi madre para que cuidara a mi bebé en mi ausencia. Por otro lado, sé que si hubiera dicho la verdad, no me habría apoyado, ni ella, ni nadie.

Sí. Es solo cuestión de tiempo y paciencia, pero qué pinche difícil es.







Foto: de una tarde de hedonismo total, quizás la primera desde hace más de dos años. Cuánta risa, cuánto placer.

domingo, 8 de abril de 2012

"Detector de mentiras"

Hace sies años (por lineamientos de la institución en la que laboro) me sometieron a un proceso de interrogatorio de tal magnitud, que llegó a ser una especie de tortura psicológica. Lo más cabrón de ese proceso, es que me topé con una serie de juicios que solamente yo hice respecto a mi historia. Al final, después de seis horas exesivamente desgastantes, el verdugo concluyó con lo siguiente: "es una lástima que una mujer con tanta capacidad se meta zancadilla al juzgarse tanto a sí misma". Cerró su folder y me despidió amablemente. No pasé el examen.

Independientemente de los cuestionamientos que se le puedan hacer a cierto tipo de herramientas administrativas, con las que se ejerce presión, y muy aparte de la dudosa naturaleza de ciertos instrumentos, la cuchara solo saca lo que tiene la olla. En mi caso, quedó clarísimo que soy mi peor enemiga, mi juez más severo, que me someto a más de un castigo por el mismo error, al grado de sabotearme ante la libertad y el placer. Estaría chido, muy chido, ser más amable conmigo.

Mañana volveré a repetir esa prueba, de ella depende un ascenso que prácticamente tengo en mis manos. Ya pasé todas las otras evaluaciones, competí contra compañeros sumamante capaces, ahora solo falta ese paso para declararme vencedora contundente. Solo deseo y espero no volverme a traicionar.