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jueves, 17 de mayo de 2012

Nubes de algodón, nubes de sertralina.



Desde hace dos semanas comencé un nuevo proyecto de rehabilitación. Sí, era necesario, pues las herramientas de guerra usadas una y mil veces en el pasado, dejaron de ser suficientes. Ahora me agradezco la benevolente idea de haberme dejado caer en el colchón de mi nueva cómplice, una brillante psiquiatra que me ha revelado los secretos más insondables de mi enfermedad: "el mal de amores". Un mal que ya empieza a ser un problema de salud pública y por el que uno es capáz de traspasar todas las fronteras de la cordura y la dignidad. Estoy infectada, lo sé, más no es tarde.

Antes de esto recaí simbólica y patéticamente, como nadie se hubiera podido imaginar, por eso sé que no puedo sola. No ahora.

Y aquí estoy, más tranquila, renunciando a cualquier tipo de estoicismo habiendo tantas alternativas para no sufrir. En fin, ahora sí, esto apenitas empieza.

Foto: "sobre nubes de algodón, despertaré mañana... por lo pronto, te puedes ir sin perturbar mi sueño"

martes, 3 de abril de 2012

Regresando a casa

"No empujes el río", fue la frase clave para sobrevivir a mi proceso de entrenamiento para convertirme en una psicoterapeuta de alto rendimiento. Ahora, que me desespero tanto ante los ritmos de la vida, me la vuelvo a repetir para confiar. Hay cosas que no se pueden forzar por más que una quiera, pero qué difícil es asumirlo con desapego. Suelta, suelta Mandarina, ahí voy caminando.




Andando también, voy de regreso a casa, cada día me acerco más a ella y la sensación es deliciosa, me gusta muchísimo. La extrañaba tanto que ni yo misma me había dado cuenta, empiezo a ser yo otra vez aunque todavía me falte un tramo para llegar.

jueves, 22 de marzo de 2012

Concupiscente y cautiva...




Me quiero ir. Salir en plan de fuga. A veces siento como lo que creo sentirá un gay deseoso de ser mujer, esa nefasta incomodidad de estar encerrado en un cuerpo que no es satisfactorio. Yo así, cautiva en una vida que no me alcanza a llenar del todo, me falta movimiento y libertad. ¿Pero a dónde? ¿a dónde ir?

Soy una tramposa, hice gala de mi apellido y rompí con el periodo de abstinencia que me estaba volviendo literalmente loca. A pesar de que agradezco con el corazón, las buenas intenciones de mi amante repentino y fugaz, reconozco con un dejo de tristeza que no ha terminado el proceso de curación y que me saboteo a la menor provocación. No quiero volver a pagar tan caro el precio que cuesta temerle a la soledad. No vale la pena.

La semana pasada tuve un curso con mi criminalista favorito, de ahí surgió de esta volátil cabecita, un cuestionamiento epistemológico que da para proyecto de tesis, estuve tan emocionada que el tiempo se fue sin advertencia y mi corazón palpitó con muchísima fuerza. Me sentí viva y quiero más. Quiero volar.



lunes, 5 de marzo de 2012

El peligroso y adictivo olor de los cabrones...





Un poco por cumplir con mi tarea de psicoterapia y otro tanto por el antojo que surgió al leer a Mariana. Así se dio que invité al cine a un ingeniero cibernético, bastante guapo y demasiado tímido. Días previos a mi aventurada invitación, le había solicitado algunos tips para poderme robar la señal de internet de mis vecinos, que dicho sea de paso, fue solo un pretexto para acercármele, pues el ingenierito en cuestión me llamó mucho la atención desde que me fue a cambiar mi equipo de cómputo en el trabajo. Pues bueno, entre la plática surgió que me diera su número de celular y así fue que el viernes, como a eso de las ocho de la noche, le envié el siguiente mensaje:
“Hola, soy Samantha, éste es mi número. El domingo iré al cine por si tienes ganas de salir de la rutina y acompañarme. Buenas noches”.
Entonces esperé la respuesta, en un lapso de tiempo prudente, y ésta nunca llegó sino hasta la una y media de la madrugada y con el siguiente contenido:
“Hola Sam puedes marcar me por fas tengo la antena”
¿Qué pedo con el informático? Yo opté por ignorar dicho mensaje, debido a la hora en que lo recibí y a lo desarticulado de su composición, pero al día siguiente le marqué y me explicó que tenía una antena para lograr mi objetivo y conectarme gratuitamente a alguna señal de internet, por lo que quedamos de vernos para eso, comer e ir al cine.
La verdad es que la pasé muy bien, me reencontré con una sensación interna muy grata, bonita. Su compañía me hizo sentir en casa. Es muy tranquilo, sencillo intelectual y emocionalmente hablando,  cosa que no me agrada del todo, ya que yo soy una mujer bastante complicadita y me encantan los hombres igualmente complejos porque me hacen sentir más contenida. Sin embargo, recordé algo que me comentó un terapeuta al que yo le explicaba que no me gustaba un muchacho que me pretendía y que era muy buena persona: “ese no te gusta porque no huele a cabrón, y si en verdad quieres trascender en esa área de tu vida, lo que sigue es encontrarte con uno que deje de oler a eso”.
Éste no huele a cabrón, no vive atormentado por sus demonios, es más, ni creo que sepa que existen. Es tan sencillo, tan pasivo, que estuve a punto de huir y ni siquiera concluir con el itinerario dominguero. Pero me dejé llevar y el resultado fue encantador, me atrapó su transparencia. Además, concluí que la mayoría de mis parejas han sido del tipo intelectual y depresivo, y que no he conseguido ninguna ganancia con esas características, mucho menos con el papá de mi hijo, a quien de nada le sirve ser tan “leído” si de todos modos su sistema límbico brota estrepitosamente a la menor provocación.
No tengo ni la menor idea del posible desenlace para esta historia. Por lo pronto, su visita me ayudó a conectarme con la primavera, y ahora ya tengo ganas de volverla a sentir en mi corazón y más aun, en todito mi cuerpo.
Foto: emulando también a Mariana. Árboles muy tapatíos, el Tabachín y la Jacaranda Amarilla. Así de frondoso y alegre quiero ver a mi corazón, ya estuvo de inviernos prolongados para él.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Miércoles de ceniza.



Mi carnaval

Llevar la carne hasta sus últimas consecuencias y extenderla sin limitaciones. Explotar hasta el agotamiento todo lo que quedó por haber abastecido en exceso la cabeza, la boca y el corazón.

Este ciclo parece fenecer, ya es tiempo. No por juzgarse una misma desde el sesgo moral, ni por arrepentimiento, mucho menos por culpa. Se trata de estar en paz, de comenzar a desechar aquellas cosas que vienen sobrando, sobre todo ésas cuyo estado ineficaz se ha pretendido ignorar. Todo, todo se acaba. Es el precio por existir en esta dimensión, tan concreta y  limitada.  

El perdón

Cuando pienso en él, llego a la conclusión de que la única manera de estar juntos, es dejar de ser humanos: equivocados y determinados. ¿En qué dimensión podríamos coexistir tranquilos? Lo he soñado, que estamos protegidos por una especie de burbuja, derrochando un amor tan puro que encandila. Y sé que no es posible, que la imposibilidad se origina de una negación total a hacer las cosas bajo otra metodología, a renunciar a un patrón lógico y absurdo -como el de los rombos de la cáscara de una piña-, que al mismo tiempo reconforta con su familiaridad.

Mi oración

Merezco esa extensión que me permita existir indeterminada, aunque sepa que estoy hecha de polvo y que moriré. Me sé digna artífice de un bello sacrificio. Así, sin distorsiones punitivas, de trasladar hasta el punto de lo sagrado todo lo que soy.





martes, 7 de febrero de 2012

Bichos nefandos, terapeutas nuevos.


Después de unos días verdaderamente intensos, logré descansar un poco y relajarme con el fin de semana largo. Estuve recibiendo visitas cuya compañía resultó muy terapéutica y estoy bastante agradecida con ellos. El domingo logré vencer dos miedos: pasar una noche con mi bebé en completa soledad en nuestra nueva casita y matar una cucaracha. Sólo quien ha vivido conmigo sabe de mi profunda fobia hacia ese nefando bicho y, sólo quien ha vivido conmigo entiende las implicaciones de semejante bichocidio.


Y hablando de fobias, hoy estrené terapeuta. La colega anterior decidió que requería de otro tipo de empujón y heme aquí, ante un espejito diferente que me enseñará una nueva perspectiva de mí. Para ser la primera sesión estuvo bastante fuerte, me siento aporreada físicamente. Ya lo veía venir, la verdad es que no es para menos dado el peso del costalito emocional que he cargado en los últimos meses. He de confesar que tenía mis dudas ante el cambio, también confieso que soy bastante soberbia y exigente con los compañeros de profesión y más si se trata de ponerme en sus manos. Sin embargo, estuvieron tan cabrones los chingadazos que decidí aguantar, este proceso promete bastante.


Dos tareas psicoterapéuticas para esta quincena: renunciar a las migajas, a las dádivas condicionadas. Quien me quiera regalar algo, que me lo dé como va, sin chantajes ni manipulaciones; de lo contrario, no quiero nada. Y, dejar de evadir el conflicto, sacar los dientes, afilar las uñitas, en pocas palabras: hacer del coraje mi mejor aliado, porque de cualquier manera acabo haciendo unos berrinches absurdos con los que muy poco he conseguido. Mejor de una vez le entro a los putazos, total, ya no se puede ocultar el brincoteo ante esta superficie llena de baches.


Fotos: alguna vez trabajé en una sesión de psicoterapia con arenero, el resultado fue maravilloso, un mapa mágico de mis deseos. A ella, esa terapeuta hermosa, le estoy muy agradecida. Me le cuadro donde la vea, como colega y más como paciente.


Y… la nostalgia invadió mi corazón con las visitas recibidas. Fangoria es un punto recurrente e inevitable en esos momentos:


  


Entre mil dudas by Fangoria on Grooveshark

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Mamá grinch


Siempre he sido media Grinch, pero la verdad, nunca me había pesado tanto esa característica de mi personalidad, como en este año. Me duele no ser la mamá que decora con devoción la casa de adornitos navideños y pone villancicos cada día. Lo intenté, pero todo está carísimo y aun requiero comprar artículos de primera necesidad como un bote de basura para la cocina y el baño, cubiertos y un escurridor de trastes. Mi consuelo es que M. aún es muy bebé y espero que aún no tenga consciencia de mi carencia de espíritu navideño. También espero que el próximo año mi depresión esté superada.

Me frustra que mi aguinaldo y el “mísero bono” (que me dan por arriesgar mi vida y cordura cada día en mi trabajo) no me hayan rendido más que para saldar deudas. Divorciarse sale caro en todos los sentidos, lo peor es que no me alcanzó para comprar la recámara que tanto deseo, tendré que esperar. Al menos tengo un bello lugar para dormir y no como otras, que al armarse de valor el único refugio con el que cuentan es un frío albergue para “mujeres violentadas”. Cuando pienso en ellas, mi corazón se comprime y lanzo al viento mis deseos más sinceros de que les vaya bien en la vida.

Y bueno, en el afán de sentirme mejor, tengo tareas psicoterapéuticas: inaugurar mi casita, apropiarme de ella como una verdadera reina. Así es que haré una pijamada con una amiga y veremos pelis de terror en su compu (ya que no tengo tele), también invité a comer a mis mejores amigos del trabajo y mañana haré una mini posada con las mujeres de mi familia. Sí, lo que sea, hasta pararme de cabeza para rehabilitarme.
Foto: Natasha Gudermane

domingo, 11 de diciembre de 2011

Aprendizaje o el duro proceso de los putazos existenciales



Aprender a vivir a través del placer es una tarea muy difícil. Esta semana tuve tres inolvidables lecciones que sé, me marcarán para el resto de mi vida, y qué duros estuvieron los putazos.
***


Hay días en los que me siento cubierta por una segunda capa de piel, pesada y dolorosa, quisiera que existiera un rastrillo o cera que me la desprenda porque, en serio, no me ha dejado vivir en paz.


***


Hace muchos años tuve un novio con el que duré ocho años, la cuarta parte de mi vida, en aquel entonces. Él decidió continuar sus estudios en Alemania y, con muy poco tiempo de anticipación, me anunció su futuro. Y yo, para mitigar el dolor, me armé una fantasía en mi cabecita en la que él padecía una enfermedad en fase terminal, así cuando se fue, imaginé que había muerto para soportarlo. Después supe que había cometido mi primer asesinato psíquico (según términos de Igor Caruso). Ahora planeo mi segundo homicidio.

***


Y por otro lado: mis pies en la playa. A pesar de tantas adversidades, me fugué este fin de semana con mi hijo y una amiga, gracias a un golpe de suerte que me permitió ganar este viaje, con motivo del día de las madres en mi trabajo (y que hasta ahora pude aprovechar), regalos de la vida.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Primera tarea: dejar que muera la madre demasiado buena (y es que esto apenas empieza porque no se acaba hasta que se acaba)



Hace más de seis años que entré a trabajar a mi empleo actual y en aquel momento fui muy feliz, pues estaba completamente enamorada de la institución, sin embargo, a los pocos días me topé con una enorme sorpresa: para sobrevivir tenía que ser muy astuta: la hostilidad estaba a la orden del día, y sin darme cuenta fui sorteando poco a poco una serie de obstáculos que después supe, fueron mis primeras lecciones de habilidades políticas. Después me cambiaron de área, situación que resultó bastante dolorosa, pues el cambio implicó literalmente, un duelo al tener que dejar un proyecto que apenitas acababa de concretar y por el que llevaba luchando varios años (desde estudiante). Esto fue un golpe bajo, una prueba de fuego y mi examen final para subir de grado y más con la dificultad de mi, entonces reciente embarazo, motivo por el que no me atreví a renunciar en ese instante.

Mi primer día en la nueva área laboral fue terrible, un recibimiento antagónico y miles de piedritas se fueron atravesando en mi camino, además las nuevas responsabilidades eran enormes. Tiros y jalones con la titular del área, quien prejuiciada, trataba de meterme zancadilla en la primera oportunidad que tenía, encuentros verdaderamente salvajes con abogadetes mierderos, tensiones en entrevistas con presos, se fueron convirtiendo en parte cotidiana de mi trabajo. Sin embargo lo peor era la naturaleza misma de éste: escuchar historias de terror, lidiar con la oscuridad de la naturaleza humana, estar muy cerquita del dolor y aún así, mantenerse firme en la línea de la objetividad. Pero por otro lado, empecé a crecer enormidades intelectualmente hablando y las satisfacciones llegaron a ser indescriptibles cuando comencé a defender mis hipótesis y a coadyuvar con mi granito de arena al fortalecimiento del concepto tan devaluado de justicia. Ahora lo entiendo: fue mi segundo nivel de lecciones, pero esta vez para desarrollar habilidades bélicas.

Y lo confieso: ya no me jacto de mantenerme ilesa, le entré a la guerra y no hay retorno.

Pero aún con todo este historial, jamás pensé que tuviera que recurrir a las mismas estrategias para sobrevivir en mi vida personal, no lo aceptaba, mi formación humanista y “pacha mama”, me hacían anteponer el amor, la amabilidad y el diálogo para resolver los conflictos. Siempre, siempre he apelado al lenguaje y al desarrollo (que le implicó a la humanidad millones de años de evolución) de la corteza pre frontal para establecer acuerdos, compromisos o, en el peor de los casos, retirarse antes de lastimar. Esto no funciona más, no ahora. Qué triste.

Clarissa Pinkola Estés, en el análisis que hace del cuentito ruso “Vasalisa la sabia”, menciona que existe un momento en la vida de toda mujer, en el que tiene qué pasar por todo un proceso de iniciación existencial, para poder convertirse en una fémina autosuficiente, defensiva e intuitiva. Dicho proceso está compuesto por diversas etapas (tareas), la primera y que me resultó más significativa consta de lo siguiente:

“Dejar que muera la madre demasiado buena”

Su hipótesis afirma que cuando una mujer carga psíquicamente con la imagen de una madre “demasiado buena”, ésta no se encuentra lista para enfrentar las hostilidades de un mundo que, desgraciadamente no es para nada maternal, sino al contrario, agresivo y oscuro, como un bosque frío, solitario y nocturno. Y para poder adquirir las herramientas necesarias para sobrevivir, es necesario que se deshaga de esa madre interior protectora, cariñosa y nutricia. Por lo que tiene qué dar paso al arquetipo de la madrastra, ésa que no es maternal, que es perversa, abusiva e incluso, asesina, para que ésta se convierta en la representante de las hostilidades del mundo real:

“Aceptar que la solícita madre psíquica perennemente vigilante y protectora no es adecuada como guía central de la propia vida instintiva futura (muere la madre demasiado buena). Emprender las tareas de actuar con autonomía y desarrollar la propia conciencia del peligro, la intriga y la política. Ponerse en guardia por sí misma y para sí misma. Dejar morir lo que tenga qué morir”.

“En su fuero interno la mujer sabe que el hecho de ser demasiado dulce durante demasiado tiempo equivale a estar un poco muerta. Por consiguiente, el primer paso consiste en desprendernos del resplandeciente arquetipo de la siempre dulce y demasiado buena madre de la psique. Así pues, dejamos la teta y aprendemos a cazar”

Yo no lo había querido aceptar, juro que pensaba que las cosas, en ciertos espacios de nuestra vida, se logran superar desde la comprensión, pero ahora me queda clarísimo que comprender no implica perdonar, mucho menos soportar, y no sólo no me he desprendido de la madre demasiado bondadosa si no que peor aún, he estado siendo una madre demasiado buena para algunos adultos que viven colgados de mis chichis.

Sólo por hoy di mi primera patada y planeo muchas más, ya no tengo nada qué perder y ahora agradezco infinitamente a las madrastras y hermanastras simbólicas, que han ido apareciendo en mi camino y que me han enseñado a putazos, que la vida no es color de rosa, que es inevitable aprender a sacar los colmillos, las uñas y pelear.

Foto: Eugenio Recuenco






viernes, 11 de noviembre de 2011

Hipotermia

Hoy sentí más frío que ningún otro día del año. La verdad es que desde que comenzaron a descender las temperaturas, he padecido muchos fríos nocturnos y no me gusta.

En la mañana le pedí a la vida tres nuevas oportunidades: una financiera, otra de tipo laboral y una más afectiva, aunque es demasiado pronto y, aun no salgo de la sala de rehabilitación, considero que pasé a un nivel de recuperación de estancia breve, ya no prolongada. Aunque quizás esto solo es un imaginario esperanzador, o una trampa por la misma hipotermia, que a veces resulta traicionera.

En fin, pronto, muy pronto…







domingo, 6 de noviembre de 2011

Brújula Visceral.


Cada vez que busco un indicio, por pura fe, por otorgar el beneficio de la duda, reafirmo mi certeza visceral de estar de este lado y creo, cada vez con más firmeza, que no regresaré. No sé en qué pueda terminar esta historia, la voy escribiendo con los pies a pasos medios torpes, pero sobrios como nunca. El temor de estarme equivocando aparece todos los días como una sombra y sin embargo, nada me puede detener, quiero seguir, seguir. La única brújula es mi corazón.