Mostrando entradas con la etiqueta Ponche de granada para el corazón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ponche de granada para el corazón. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de marzo de 2012

El peligroso y adictivo olor de los cabrones...





Un poco por cumplir con mi tarea de psicoterapia y otro tanto por el antojo que surgió al leer a Mariana. Así se dio que invité al cine a un ingeniero cibernético, bastante guapo y demasiado tímido. Días previos a mi aventurada invitación, le había solicitado algunos tips para poderme robar la señal de internet de mis vecinos, que dicho sea de paso, fue solo un pretexto para acercármele, pues el ingenierito en cuestión me llamó mucho la atención desde que me fue a cambiar mi equipo de cómputo en el trabajo. Pues bueno, entre la plática surgió que me diera su número de celular y así fue que el viernes, como a eso de las ocho de la noche, le envié el siguiente mensaje:
“Hola, soy Samantha, éste es mi número. El domingo iré al cine por si tienes ganas de salir de la rutina y acompañarme. Buenas noches”.
Entonces esperé la respuesta, en un lapso de tiempo prudente, y ésta nunca llegó sino hasta la una y media de la madrugada y con el siguiente contenido:
“Hola Sam puedes marcar me por fas tengo la antena”
¿Qué pedo con el informático? Yo opté por ignorar dicho mensaje, debido a la hora en que lo recibí y a lo desarticulado de su composición, pero al día siguiente le marqué y me explicó que tenía una antena para lograr mi objetivo y conectarme gratuitamente a alguna señal de internet, por lo que quedamos de vernos para eso, comer e ir al cine.
La verdad es que la pasé muy bien, me reencontré con una sensación interna muy grata, bonita. Su compañía me hizo sentir en casa. Es muy tranquilo, sencillo intelectual y emocionalmente hablando,  cosa que no me agrada del todo, ya que yo soy una mujer bastante complicadita y me encantan los hombres igualmente complejos porque me hacen sentir más contenida. Sin embargo, recordé algo que me comentó un terapeuta al que yo le explicaba que no me gustaba un muchacho que me pretendía y que era muy buena persona: “ese no te gusta porque no huele a cabrón, y si en verdad quieres trascender en esa área de tu vida, lo que sigue es encontrarte con uno que deje de oler a eso”.
Éste no huele a cabrón, no vive atormentado por sus demonios, es más, ni creo que sepa que existen. Es tan sencillo, tan pasivo, que estuve a punto de huir y ni siquiera concluir con el itinerario dominguero. Pero me dejé llevar y el resultado fue encantador, me atrapó su transparencia. Además, concluí que la mayoría de mis parejas han sido del tipo intelectual y depresivo, y que no he conseguido ninguna ganancia con esas características, mucho menos con el papá de mi hijo, a quien de nada le sirve ser tan “leído” si de todos modos su sistema límbico brota estrepitosamente a la menor provocación.
No tengo ni la menor idea del posible desenlace para esta historia. Por lo pronto, su visita me ayudó a conectarme con la primavera, y ahora ya tengo ganas de volverla a sentir en mi corazón y más aun, en todito mi cuerpo.
Foto: emulando también a Mariana. Árboles muy tapatíos, el Tabachín y la Jacaranda Amarilla. Así de frondoso y alegre quiero ver a mi corazón, ya estuvo de inviernos prolongados para él.

martes, 3 de enero de 2012

Corazón ácido de granada para esta agridulce Mandarina









En mi nueva casita, que en realidad es un micro departamento, tengo una especie de terraza cuyas características fueron definitivas para que yo terminara enamorada de ese espacio. Siempre había querido vivir en un lugar con terraza para desayunar por las mañanas al aire libre o leer mientras se esconde el sol bebiendo una copita caderona de vino tinto. Ahora que la tengo, estoy tratando de ponerla muy guapa, con muchas plantitas y toda la cosa, y el otro día, mientras colocaba una malla sombra para darle privacidad, me percaté de la existencia de un hermoso árbol de granadas que pertenece al vecino de la casa de abajo y que por su altura, me llega hasta mí con sus bellos frutos colorados. Sentí tanta emoción que corrí a tomarle una foto con el corazón todo alborotado, el motivo: me pereció un excelente augurio.

Por alguna extraña razón llegó a mis manos un librito cuyo tópico es la abundancia, justamente me acababan de invitar a tomar un taller acerca de dicho tema y yo, indignada, cuestionaba el hecho de que existan colegas dedicados a una labor tan fútil ganando harto dinero. Pues total, después de hojear algunas páginas, recibí un mensaje muy revelador: la abundancia tiene como base el placer, sólo aquellos capaces de gozar, tienen el privilegio de recibir a manos llenas las mieles de la vida. No sólo es cuestión de dinero o de tener para comer, sino de disfrutar todo aquello que se tiene, antes de buscar aquello de lo que se carece. Y yo tan quejumbrosa, culposa y exigente.

Primer propósito formal para este 2012: dejar de quejarme y DIS-FRU-TAR lo que tengo, antes de pelearme conmigo misma por lo que no he podido conseguir hasta este momento.

Ni oveja, ni pecadora: no necesito que me cuiden de mí misma.